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La legítima defensa o lo que algunos llaman defensa propia

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La legítima defensa o lo que algunos llaman defensa propia

En nuestra travesía a través de las eximentes de responsabilidad criminal, ha llegado el momento de afrontar las turbulentas aguas de la legítima defensa, tras haber recalado en la enajenación mental, la intoxicación y las alteraciones de la percepción.

Conviene señalar, para empezar, que la legítima defensa no es la defensa propia pues, como veremos, dentro de la legítima defensa tienen cabida más cuestiones. Además, se trata de la primera causa de justificación que encontramos entre las eximentes, es decir, es una de esas situaciones en las que lo realizado por el delincuente, aunque revista casi todos los caracteres de un delito, la sociedad no lo reputa como tal.

El art. 20.4º CP dispone que: “Está exento de responsabilidad criminal el que obre en la defensa de la persona o derechos propios o ajenos, siempre que concurran los requisitos siguientes:

Primero. Agresión ilegítima. En caso de defensa de los bienes se reputará agresión ilegítima el ataque a los mismos que constituya delito y los ponga en grave peligro de deterioro o pérdida inminentes. En caso de defensa de la morada o de sus dependencias, se reputará agresión ilegítima la entrada indebida en aquélla o éstas.

Segundo. Necesidad racional del medio empleado para impedirla o repelerla.

Tercero. Falta de provocación suficiente por parte del defensor”.

Tal y como os habréis dado cuenta, dentro de la legítima defensa cabe tanto la defensa propia, entendida como defensa de uno mismo o de los derechos personales, como la defensa de otras personas o de sus bienes. Así, incluye tanto la defensa propia como ajena.

Ahora bien, ¿en qué situación podemos considerar que existe la legítima defensa? Por fortuna, tras años de discusiones doctrinales y muchos retoques, se llegó a una determinación legal de los requisitos, que, aún así, han sido concretados e interpretados por la jurisprudencia con amplia profusión.

Supongamos el ejemplo clásico: alguien os ataca porque os quiere matar. Y desarrollemos los requisitos.

El primero de todos ellos es la existencia de una agresión ilegítima, es decir, la situación en la que alguien se defiende porque bien se está cometiendo un delito contra tal persona o bien porque se va a cometer inmediatamente. En nuestro ejemplo, debemos considerar la existencia de la agresión ilegítima en el hecho de que alguien ataca y que sus intenciones no son buenas. Da igual que en el momento concreto no se sepa si nos quiere matar o simplemente dar una paliza en toda regla; el hecho fundamental es que se produce el ataque y que ese ataque es ilegítimo, es decir, no está amparado por la ley. Daros cuenta de que algunas agresiones pueden ser legítimas (de hecho, la defensa que consideramos, en definitiva, no es más que una agresión legítima) como sería, dentro de unos ciertos límites, la que realizan las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad cuando intentan reprimir un tumulto.

Asimismo, hay que tener en cuenta que la agresión debe estar produciéndose (que os estén pegando) o que vaya a producirse inmediatamente (que os vayan a pegar), puesto que si la defensa se realiza una vez terminado el ataque (cuando ya os han pegado), se considera venganza y no está incluido en el supuesto.

En el segundo requisito se hace referencia a la “necesidad racional del medio empleado para impedirla o repelerla”. Constatada la existencia de un ataque, ¿cómo nos defendemos? La Ley, mediante este requisito, distingue entre unos medios y otros.

En primer lugar, el supuesto es tan amplio que, al menos en teoría, permite la defensa de cualquier bien jurídico protegido (la vida, la integridad física, la libertad…) pero, por ser tan amplio, hay algunos bienes jurídicos que en la práctica no existe forma de defenderlos. ¿Cómo se puede defender el estado civil frente a una usurpación de identidad? O, ¿cómo puedes defenderte frente a un delito de bigamia? En estos casos, no podríamos considerar que existe una necesidad de defensa, ni siquiera sé si es posible defenderse frente a algunos delitos (y si a alguien se le ocurre una forma de defenderse frente a la bigamia, que me la cuente).

De otra parte tenemos que sopesar la racionalidad del medio de defensa empleado. En el ejemplo que os he puesto: ¿es racional emplear una pistola frente a un puñetazo? Subyace, en definitiva, la valoración de la proporcionalidad y la misma intensidad de la defensa. ¿No es excesivo moler a palos, literalmente, a quien os ha insultado una noche en un bar o montar una batalla campal?

El último de los requisitos legales, y quizá el más complicado en la vida real, es la valoración de la provocación. ¿Cómo saber si quien se defendió no había provocado que lo atacasen, es decir, si no se habían invertido las posiciones de agresor y agredido? En nuestro ejemplo, si quien se nos lanza al cuello con instinto homicida lo hace porque previamente nos hemos acordado de todos sus antepasados y de las ovejas que cuidaban, probablemente hayamos provocado suficientemente la agresión.

No obstante, en la vida real, alejada de las consideraciones teóricas, la legítima defensa es difícil verla. Por fortuna, los delitos más habituales son de poca entidad y cuando se produce una pelea a la puerta de un bar resulta harto extraño considerarla, pues, muchas veces ni siquiera con grabaciones es posible saber quien empezó la riña y, al final, acaban todos condenados.

11 Comments

  1. Interesante blog . Aprendo algo con cada blog todos los días. Siempre es estimulante poder devorar el contenido de otros bloggers. Me gustaría usar algo de tu blog en mi blog, naturalmente pondré un enlace , si no te importa. Gracias por compartir.

  2. Miguel dice:

    Hola quería saber el hecho de que varias personas con amenazas y forcejeo para que salgas de un lugar para pegarte al ver la agresion le pegues con un objeto ( botella) y le causes lesiones esto sin antes haber mediado palabras en ningún momento con ellos.

    • Estimado Miguel:
      Lo que relatas no es bastante para poder entrar a valorar en el plano teórico si concurriría la eximente de legítima defensa.
      Te invitamos a que nos plantees tus dudas a través del apartado “Consultas”.
      Saludos.

      El Equipo de DyR

  3. Angelo dice:

    Hola, si 8 personas me están pegando a puñetazos es proporcional y raciónal que me defienda con algún objeto ya que me superan en números? Por ejemplo si les doy con una botella a uno de ellos puedo alegar que fue en defensa propia ?

    • Estimado Angelo:
      La proporcionalidad y la racionalidad hay que valorarla en relación con los hechos que resulten probados. Apriorísticamente, en un ataque de ocho contra uno parece proporcional y racional el empleo de instrumentos para defenderse. Ahora bien, la lesión que se produzca a los atacantes ha de ser, como máximo, de la misma entidad que la que se evita. Dicho de otra forma, si por causa de la defensa mediante la botella uno de los atacantes muere, no se apreciaría la defensa legítima frente al delito de lesiones.
      Cuestión distinta es que la falta de cumplimiento de alguno de los requisitos de la legítima defensa diera lugar a la apreciación de los hechos concurrentes como fundamentadores de una eximente incompleta o una atenuante por analogía.
      Gracias por tu comentario.
      Saludos.

      El Equipo de DyR

  4. Toni tawèr dice:

    Creo necesario clarificar esta Ley y simplificarla. Para el ciudadano hay sentencias que le crean inseguridad y esto provoca que salgan adalides de la defensa “A la brava” y esto si crearía inseguridad, el agresor ya irá pertrechados para su defénsa.

  5. Jas dice:

    Hola Antonio.

    Muy bien explicado, aunque la ley en ente punto, como en otros, es injusta para los justos. Si alguien encapuchado entra en tu casa, el principio de racionalidad no debe aplicarse.. El principio debería ser, “si quieres racionalidad, no entres sin permiso”.

    Un saludo.

    • Hola Jas.
      Tras años de experiencia, la conclusión a la que se llega, y en línea con algunos iusfilósofos, es que la ley ni es justa ni injusta: la Ley es legal. La justicia es un objetivo a alcanzar pero no un calificativo predicable de la Ley. En caso contrario tendríamos que definir la justicia recurriendo a la moralidad pero, como cada cual tiene su propia moralidad, acabaríamos con tantas definiciones como personas que quisieran definirla.
      Sin embargo, la ley siempre es mejorable y concretable.
      Gracias por tu comentario.
      El Equipo de DyR.

  6. Información Bitacoras.com

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